En tierras de Tormenta

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El grito.

Esta entrada la escribo en un día de furia. La musa llegó de madrugada cuando no podía atenderla, pero dejó en mi cabeza muchas sensaciones que se expresan en esta canción y este texto. Solo te pido, a tí, lector, que la leas con calma y la escuches del mismo modo. Shedain es un personaje al que me cuesta llegar, como aquellos que la conocen, y espero que a partir de aqui me cueste menos recorrer el camino del Lethani. 

escucha la canción aqui. 


Comenzaba a oscurecer y los rayos del astro rey reflejaban en las montañas haciendo que las nubes naranjas refulgieran en el ocaso azul como joyas flamígeras.Los sonidos se apagaban, los animales se retiraban a descansar, las personas volvían a casa a disfrutar del fin del día en compañía. Ni siquiera el viento la acompañaba en su caminar, a paso tranquilo, como siempre. 
Llevaba ya varios meses viviendo entre bárbaros y comenzaba a plantearse serias dudas. Se cuestionaba algunas de los dogmas que le habían inculcado desde pequeña. Era del Lethani buscar la verdad...¿Pero por qué producía tanto desasosiego?. Añoraba la tranquilidad de Haert, la seguridad de lo conocido, la anestesia de la rutina.
Miró por encima del hombro: la ropa de la única persona con la que hablaba con fluidez en aquella ciudad, ondeaba en el hilo de tender, y se hacía cada vez más pequeña mientras se alejaba. Esa era otra cuestión. Era de naturaleza silenciosa, pero encontraba que su carga se aliviaba un poco cuando pasaba unas horas charlando con aquel bárbaro, descubriendo la naturaleza de aquellas extrañas personas, conociendo sus costumbres, entendiendo su forma de ver el mundo. Se sentía menos aislada. Sí, eso era.
Una manzana rodó hasta sus pies y chocó con su bota. Se detuvo, algo sobresaltada, pues se había ensimismado más de lo que le gustaría. Se agachó y la recogió. Un niño de no más de seis años llegó corriendo con una gran sonrisa y el pelo alborotado y le tendió la mano abierta. Ella depositó la fruta en su palma; el chico dijo un alegre"gracias" y corrió como un conejo hasta la entrada de su casa, donde su padre lo esperaba. Un hombre de unos veintitantos años, que lo agarró del pantalón y lo hizo girar entre risas. 
Iba a seguir su camino pero esa imagen la atrapó y no pudo apartar sus plomizos ojos de la escena. El chico dejó la manzana sobre un tocón de un árbol. Sujetó una espada de madera y se lanzó a cargar contra el enemigo. Su padre lo corregía y le daba instrucciones de cómo enderezar la postura e imprimir la fuerza justa. Ambos tenían en sus gestos la certeza de una seguridad, de un afecto, de noches sin pesadillas y tiempo compartido como única finalidad y premio.
La escena se desarrollaba a cámara lenta y muda ante sus ojos, y en su cabeza algo comenzaba a despertarse. Aquellas personas sin saberlo estaban abriendo la puerta a algo muy oscuro.
Tras ellos apareció una mujer con el pelo castaño recogido en un moño, llevando de la mano una niña de rizos castaños que mordía un trozo de pan. El niño resbaló en la arena por lanzarse con demasiado ímpetu, y todos rieron. El padre le ayudó a levantarse y le puso la mano en el hombro derecho, girándose y entrando en la casa todos juntos.
Shedain sintió la punzada de dolor en ese mismo hombro, y sintió la opresión en el pecho, el dolor sordo que la empezaba a atenazar mientras en su cabeza se reproducía un flash. Una niña rubia de ojos grises, de no más de cinco años, en pie frente a un enorme charco de sangre, desde el cual la observaba la cabeza separada del cuerpo de Shae, su madre. La mano de Magwyn sobre ese hombro, apartándola de la visión del cadáver del compañero de su madre, Lanvir, atravesado por Caelan que le entraba por la boca del estómago y le salía por el omóplato izquierdo. Sintió cómo quemaban esos dedos en su hombro.
Sintió que le faltaba el aire, que sus pulmones estallaban, que el dolor en forma de cristales le subía por la garganta, y un escozor ardiente llegaba hasta sus ojos. 
Trató de buscar el control, trató de escuchar su corazón y refugiarse en su ritmico latido, pero solo escuchaba el vacío del dolor. La invadió el pánico y lo unico que pudo hacer es echar a correr. Corrió como si la persiguiese el diablo, forzando al máximo su cuerpo. Corrió veloz, por todo el bosque, golpeándose con algunas ramas que arañaban su piel, aunque no las había visto ni sentido. Mientras corría, de su garganta salió el dolor y la presión en forma de sollozo, y parecía que así empezaba a entrar aire de nuevo. La quemazón de ojos pronto se vio superada por una inundación de agua salada que rodaba sin control por su cara, saltando de su piel al viento.
Llegó hasta la orilla de una poza profunda del rio, metió los pies en el fango, se desprendió de Caelan y la lanzó con todas sus fuerzas al agua. Un grito desgarrador surgió de su garganta, mientras caía de rodillas con los puños apretados.
El sol daba sus últimos estertores cubriendo el agua de destellos violeta. Cuando la espada se hundió en la negrura del fondo, las ondas llegaron hasta sus rodillas enfangadas, lamieron sus puños cerrados como si la naturaleza quisiera consolarla.
Poco a poco salió todo el dolor que había encerrado en una parte de su mente durante veinte años, como mecanismo de superviviencia. No se había permitido sentir la pena. Se había dejado mecer en la rutina del Ketan, se había refugiado en sus enseñanzas, aquellas que inculcaban que los sentimientos nos hacen débiles, que pensar con el corazón es perder el control y entrar en el caos. Había tenido apoyo, guia, maestros... Pero no había recibido afecto, no había sentido nunca el calor de una mano en el hombro, ni la seguridad de un hogar en las noches de pesadillas. Había borrado todo rastro de cuanto podía doler. Pero allí estaba, todo el dolor junto, estallando, liberándola de su carga.
Poco a poco recuperó el aliento y sus ojos dejaron de escocer. Se frotó la cara para secarlos, dejando un rastro de barro. Se miró las manos, aún convulsas, bloqueada mentalmente.
No sabría precisar cuanto tiempo estuvo así, pero la luna ya reflejaba su pálida tez en la superficie del agua, cuando su cerebro despertó y su cuerpo obedeció las órdenes.
Se despojó lentamente de su camisa roja ganada con tanto esfuerzo, desabrochando cada correa de cuero, cada hebilla, cada lazo, mientras recordaba cada golpe, cada corte y cada caida. Le siguieron los pantalones y todo lo demás. Se metió en el agua fria, temblando, sin sentir más que la cuchillada del agua, y se sumergió en el fondo.
Al salir dejó a Caelan en la orilla, frente a ella. Se arrodilló y con las manos sobre las rodillas, recitó su letanía, y cuando llegó a “  pertenecí a Lanvir que me deshonró para matar a Shae y después quitarse la vida." añadió " y por último pertenecí a Shedain, que borró mi deshonra con sangre y una promesa".
Cuando sacó la espada de su vaina, la hoja estaba roja del tinte colorado de su recipiente. Entendió entonces que Caelan no era el yugo, no era la responsable de esas ausencias, eran los sentimientos de quienes la empuñaron. Y con la determinación de comprender por qué se mata, por qué se ama y por qué se muere...la envainó de nuevo, se vistió otra vez y se quedó apoyada en un árbol hasta que la oscuridad anegó el bosque por completo.

Rol entre Stan y Beth

No puedo resistirme a colgar el rol del dia que se conocieron Stan y Beth, lo que nos reimos y a lo que ha llegado a dar pie.
 PD: gracias Iracebeth por estos ratos.
 
Stan_McQuinn canta una cancion de marineros a pleno pulmón por la calle. Lleva una buena cogorza.- El rey y su grey a la reina por fin, ataron a su galeón...Sé que mi hogar va a ser el mar, donde él esté yo estoy. Yo ho!!, todos, la bandera izar, pillos y mendigos nunca morirán...Yo ho!!, todos juntos, la bandera izar, pillos y mendigos nunca morirán ...- Tropieza con un barril.- Me cagüen ..gguarrfmiau.- Se tambalea un poco e increpa a una vieja que lo mira.- EEhh!! que miras tu?? a cotillear a otra parte!!!

Iracebeth está sentada en un banquito a la puerta de la taberna. ¡Hic! Hipa. Menuda cogorza. De las que hacía tiempo que no cogía. Escucha el berrido y levanta levemente la cabeza. Beh. Otro borracho más. De los suyos. Eructa, y se echa atrás, apoyando la cabeza en la pared y los brazos en el respaldo. ...Cielo... Y se ríe.

Stan_McQuinn llega hasta el porche de la taberna y ve a Beth apoyada, enarca una ceja y trata de poner erguirse y poner pose interesante. Apoya el codo en un poste de madera, cruzando los pies,, el intento era quedarse apoyado de forma desenfadada. Pero no calcula bien y cuando levanta el brazo, se pasa del poste y casi se va al suelo, se tiene que agarrar a dicho madero.- .. Por lo callos de San Eduardo!! el puto poste se ha movido!!!..- Se pasa la mano por el pelo enmarañado. - Lo has visto, no? ...bah!....que tal, pelirroja?... como lo llevas?.

Iracebeth: ...Eh... Eh... Sonríe, se ríe. Jé. Casi te caes... Tío. Se echa adelante, dejando que sus rizos rojos le cubran la mitad del rostro. Se la pela todo, es feliz .Tío. Yo a ti no te   ...Pero me caes bien. Todo el mundo... *Hic* Me cae bien.


Stan_McQuinn: Fuá... y que? No soy tu tio.... creo.- Se rasca la ceja pensativo.-No soy tu tio, verdad?? ni conozco a tu madre ni a tus hermanas...no?- Se sienta cerca de ella, en el suelo, espatarrado, lleva kilt.- ... Ahhh...asi tengo el culo frio. Maldito calor!!!.. Eh pelirroja... como te llamas? yo soy Stanley.


Iracebeth: ...Nah. No tengo hermanas... Le mira el kilt y se ríe. ¡Pero eres primo...! Beth... Yo soy Beth. O eso creo.. *hic!* Eh, eh. Te han puesto... Una falda más bonita... Que la mía. se inclina adelante, mirándolo fijamente.

Stan_McQuinn sentado en el suelo se sujeta las puntas de la falda y las pone como si fuera una chica haciendo una reverencia.- .. Seeehhh!! el que no se atreve a ponerse una falda no puede llamarse hombre!...además...- Se acercó a Beth poniendo la mano cerca de la boca para susurrar.-  te diré un secreto...Si te aprietan la braguera, se acabó tener niños robustos y grandullones. Mira los de esos flacuchos ingleses... todos melindrosos. Tsk... por no llevar falda.

Iracebeth: ...Eh... me gusta tu estilo... Eres un primo escocés... Yo soy de irlanda. Ahí los hombres... *hic!* No van con cuadros... pero también llevan faldas así de bonitas... Ríe tontamente, intentando levantarse, pero es incapaz, y cae de rodillas delante de él, sin dejar de reírse.

Stan_McQuinn abre mucho los ojos, y despues esboza una amplia sonrisa, que marca los hoyuelos a ambos lados de la cara.- ... Ah!! una hermana irlandesa.. aunque por tu altura podrías ser un leprechaun. Jo Jo Jo!! sí, y yo parezco un buey retinto... es lo que nos pasa a los pelirrojos, eh?.. ta cabe una más? jo jo...quiero decir... una cerveza.

Iracebeth aprieta los labios, y estalla en una risa contagiosa ¡Qué coño! Una siempre entra... una cerveza digo... *hic!* Intenta ponerse en pie, apoyándose en el hombro del escocés, pero no puede. Cae de culo ...Eh... alguien tendrá... que arrastrarme a la taberna.

Stan_McQuinn pone su manaza sobre ella, y casi la hace volar. Es un tipo enorme y recio.- Ale!! a por la pinta más grande que te quepa!!... Taberneroooooooo!!! pon dos pintas o disponte a morir!!!!.- En el camino ve a un viejo conocido y le da dos "palmaditas" en la espalda..- Eh!! Wulfred... que pasa??!! me alegro de verte.- El hombre se tambalea y se va con rapidez contestando que todo bien.

Iracebeth: ...Se llama Wulfred... Jé... El Rey al que servía... *hic!* Se llamaba Wilfred... Ahora se ha muerto. Se agarra al tipo, y mira a ver dónde se puede sentar en la taberna. Se podía ahogar en la cerveza antes de negarse a una invitación. Negar la hospitalidad era un tabú.

Stan_McQuinn sienta a Beth, literalmente en un taburete y se queda muy serio mirandola. - El viejo Wil estiró la pata?... que mala noticia. Lo siento por él, pero yo me alegro de estar vivo... asi que celebremos eso!!! Donde están las malditas pintas??, mendrugo, hijo de una cerda!!!!.- El tabernero se acerca carcajeandose. Stan es un habitual.- Toma tu orina de burro, idiota escocés.

Iracebeth: Eh... tú... como me hayas servido pipí de burro... Te llevaré de la oreja al fiordo... *hic*! Y te tiraré por él... Se dirige al tabernero, con un dedo levantado. ...Y sí... sssssstan. Palmo. Ahora toca... seguir adelante. ¡Por no ser ingleses! Levanta la pinta, brindando.

Stan_McQuinn la mira de hito en hito, muerto de la risa, al igual que el tabernero. Le indica al dueño de la taberna, con un ademán cómico- .. sssshhhhttt... Calla, Ronie, y cuidadito... que es una leona irlandesa de pelo rojo. Si no cumple la amenaza, como poco se cagará en tus muertos y se cumplirá la maldición.Los putos irlandeses tienen más suerte que nosotros.

Iracebeth: ...Porque tenemos... *Hic!* ¡Tréboles! se echa adelante en la barra, y bebe de su pinta, sonriendo como una boba. ¡Tréboles! Y turba... La turba calentando una casa redonda de madera... Divaga, como buena borracha. ...¿No lo echas de menos...? Se echa a un lado el pelo, dejando ver la torque y los tatuajes de su clan

Stan_McQuinn hace un aspaviento y una mueca.- ¿casas hechas de mierda y tierra?  No gracias!!!. las de aqui huelen mejor, a madera. Pero si echo de menos el scotch. Estos no saben destilar whisky.-  Se veía en la cara interna de su antebrazo un tatuaje en tinta azulada, tipca de los clanes de las islas.

Iracebeth: Qué va... Incluso nuestro Whiskey es mejor... Que lo que sirven aquí... *hic!* Sonríe de medio lado. Pero qué hace un primo de las Tierras Altas en este pedrusco? Tú... Deberías tener tierras... allá... donde los osos comen... salmones al atardecer. Le sale la vena bárdica, casi canturrea, etílica.

Stan_McQuinn niega con la cabeza y da un trago enorme a su pinta, quedandole un bigote blanco de espuma.- ..tsk.. las cosas allí andan mal. Yo vengo de Canna. Es un pedrusco en mitad del mar. No hay nada, solo viento y marea. Me gusta pelear y matar idiotas.Es un trabajo como otro cualquiera.Y encima me pagan.

Iracebeth: Canna. Lo pronuncia, marcando las enes. Matando... y pegando. Eres... ¿mercenario..? Vuelve a beber. El alcohol parece mitigarle la risa nerviosa.

Stan_McQuinn: mercenario, soldado...¿cual es la diferencia? yo... mato enemigos y me pagan. Ya está. Es sencillo, y como pueden matarme cada dia, pues vivo a tope los demás. Es mejor que aburrirse sentado en el pedrusco. Eh!! y tu que te cuentas? no pareces puta.- Y lo dijo asi, tan tranquilo.Tan campechano.

Iracebeth: No... no soy puta. Soy... Bardo. Hace el gesto de tocar el arpa con ambas manos. Ya sabes... aprendiz de todo... *hic!* Maestra de nada. Vuelve a beber, mojandose el labio inferior. ¡Ah! Y embajadora.

Stan_McQuinn: mecagüen la puta que parió a Ronie!!..- ( y que culpa tendría el tabernero para que se cagase en él).- Todo eso???- Silbó entre dientes.- Ahora sé seguro que no soy tu tio. Si lo fuera, moriría gordo y borracho a costa tuya.- Puso una mueca pensativa.- Aunque lo de morir gordo y borracho es factible por el camino que voy.

Iracebeth lo mira de arriba a abajo y ríe. Borracho si. Gordo no sé. *hic!* eeeeheheheheheehheee... vuelve a beber largamente casi apurando la cerveza.

Stan_McQuinn se levantó y se palmeó la tripa. Estaba duro y trabajado para ser una mole, pero en la cintura se notaba cierta curvilla, de tanta cerveza y tanto asado de cerdo.- Eh!! espero que algun dia me ceben como lo hacía mi madre, eso será porque llegué a los buenos tiempos. Tranquila! sé que lo estas desenado, pero no me levantaré la falda, hazte una idea a través de la tela.- Le guiñó un ojo y se bebió media pinta más.

Iracebeth: ...No sueñes... Mis faldas son más largas... Ríe por lo bajo, y bebe más, echando atrás la cabeza, y dejando que suenen sus tragos. Lo mira y ladea la cabeza  ...Si te ceban... *hic!* ¿No será... porque te aburres... en un pedrusco?

Stan_McQuinn: mira guapita...cuando se me caiga el pelo de los huevos, porque el de la cabeza lo tengo fuerte...solo me quedará engordar, beber, putañear y morirme a gusto. Hasta que eso pase, no me aburriré, te lo garantizo. Cuando llegue a ese dia, dormiré todo lo que no he dormido, y comeré todo lo que no he comido. Beber y putañear ya lo hago, asi que no creo que me pueda el ansia. Jo jo!!

Iracebeth: ¡¡Jojojojojoj!!! responde, golpeando con la jarra, vacía sobre la barra ..Pero me da.. *hic!* Primo escocés... Que aquí la... irlandesita... Salta del taburete. ...Ha bebido másssssss rápido que tú.Y ahora me voy a dormir la mona.

Shedain de Ademre. Ficha. Personaje de rol.

-       Nombre: Shedain

-       Edad: 26 años

-       Ocupación: mercenaria

-       Origen: Haert, capital de Ademre (una estepa de piedra y viento, lejos de todas partes)

-       Apariencia física: mide 1,70. De complexión delgada, enjuta y flexible. Como un perro de caza. Como la mayoría de los adem, es rubia y de ojos grises. Su piel es pálida, como es usual en los norteños.  Tiene múltiples cicatrices blancas por todo el cuerpo, derivadas de una vida entera consagrada al entrenamiento. Algunas son similares a las de arma de filo, a causa de la prueba que tuvo que superar para ganar su camisa roja. Viste siempre con pantalones, botas de piel, camisa roja ceñida en el torso y los antebrazos por correas de cuero teñido de rojo.

-       Posesiones: su espada  de dos hojas, Caelan, cuyo nombre significa Tormenta de hielo. Todo adem conoce las historias de las espadas que pertenecen a su escuela y a todos aquellos que la empuñaron, lo aprenden como una letanía que han de recitar en su iniciación. Shedain suele hacerlo cuando la desenvaina, aunque sea para limpiarla: El primero fue Chael, que me dio forma en el fuego con un propósito desconocido. Me llevó y luego me dejó. Luego vino Finol, la de los ojos limpios y brillantes, la bien amada de Dulcen. Mató a dos daruna, y luego la mataron los grimos en Vessten Tor..” y así hasta un total de cien nombres.

-       Aspectos psicológicos: Los adem siguen un código de vida llamado el Lethani. El Letani es el camino, la forma de vivir, el sentido de las cosas. No es solo un código moral o de honor, obedece a sabidurías más ancestrales. El autocontrol, la disciplina, la capacidad de observación y reflexión, son cultivadas con ahínco entre los camisas rojas. Shedain tiene un rostro inexpresivo, poco comunicativo. Su forma de hablar es parca en palabras y con pausas largas. En general todos los adem son así. Su lenguaje corporal les sirve de medio de comunicación, y gesticulan con las manos, con breves gestos, para expresar cosas. Es inútil provocarla si considera que no es del Lethani pelear en esa ocasión. No es huraña, pues tiene una mirada curiosa que suele ir de frente. Tan solo es silenciosa y poco dada a sentimientos excesivos, tales como la alegría, la furia o la desesperación. Para los adem, todo aquel que no es de Ademre, es un “bárbaro”.

-       Imágenes: es complicado encontrar imágenes de una adem, porque no han hecho películas sobre ellos. Pero se podría parecer a esta.
















Historia:

En algún lugar más allá del Estrecho de las ánimas. 20 años después.

Shedain trataba de cubrir su rastro. Sin huellas. Sin nombre. Sin historia. Ahora que volvían los tiempos oscuros, no estaba dispuesta a regresar, a seguir dando su sangre para recibir lo que por derecho le pertenecía: un lugar en Haert donde levantar una casa y morir de vieja. La vida de los mercenarios adem era dura: crecer sin sonreír, vivir sin amar, pelear para mantener el sistema que ellos mismos llamaban “civilización.” Y sin embargo los suyos se avergonzaron de ella y la condenaron a muerte.

Se detuvo en una aldea y pidió alojamiento en una posada. No se molestó en cenar ni compartir historias del camino con otros viajeros a la luz de la lumbre. En aquel cubículo sencillo, se descalzó las botas, dejó a Caelan sobre la silla y se tumbó a oscuras en aquel camastro, repasando sus recuerdos. Recordó el día de su iniciación.

Hoja que gira.

En Haert no había calle principal flanqueada por casas y tiendas. Los pocos edificios que se veían estaban muy separados, tenían formas inauditas y se integraban plenamente en el terreno, como si procuraran pasar desapercibidos. Las fuertes tormentas que daban nombre a aquella cordillera eran muy frecuentes allí. Los vendavales que las acompañaban, repentinos y cambiantes, habrían destrozado cualquier edificio elevado y anguloso como las casas de madera cuadradas típicas de las tierras más bajas. Los Adem, en cambio, edificaban con tino, ocultando sus edificios de los fenómenos meteorológicos. Las casas estaban construidas en el interior de las laderas, o hacia el exterior junto a las caras de sotavento de precipicios protectores. Algunas estaban excavadas en el suelo. Otras, labradas en las paredes de piedra de los riscos. Algunas apenas las veías a menos que las tuvieras justo delante. El paisaje era como sus propios pobladores: serios, inexpresivos, duros, de apariencia tranquila en el exterior, y en el interior un fuego alimentado con las palabras que no decían. Se contaba de ellos que se guardaban las palabras para alimentar su ira con ellas. Reinaba una tranquilidad extraña, sin el bullicio ni el hedor que había en los pueblos más grandes. No se oían cascos de caballos sobre adoquines. No había vendedores ambulantes anunciando a gritos sus mercancías.

Junto al árbol espada esperaban una veintena de mercenarios de camisa roja, y entre ellos, su maestra: Penthe.  Recitó su juramento con solemnidad. Todos aguardaron impasibles e inexpresivos. Finalizado esto, se quedó de pie, frente al árbol espada, observando el vaivén de sus hojas, afiladas como cuchillos. Rodaban, bailaban y se mecían al son del cambiante viento de Ademre. Tras concentrarse y calmarse, avanzó con paso firme hacia el interior del árbol sagrado. Esquivó las hojas, todas las que pudo, rodando, saltando y realizando posturas del Ketan como “bailar hacia atrás” o “león rampante”. Pero nada de agacharse; era una cuestión de orgullo. Tardó unos diez interminables minutos en llegar hasta el enorme tronco central. Y lo hizo sin ningún rasguño.

Cuando llegó había un paquete, envuelto en tela de arpillera. No era aquello lo que esperaba. Normalmente desperdigaban varios objetos para que el iniciado escogiese, y según la elección, ésta marcaría su rumbo. En su caso, solo había un paquete.  Lo sujetó con ambas manos, y comenzó a destramar las cuerdas que lo envolvían. Cuando éstas cayeron al suelo, el objeto resplandeció a través de las hojas del árbol. Le temblaron las manos y la dejó caer: allí estaba Caelean, la espada maldita de su padre. La espada con la que decapitó a su propia madre y después se quitó la vida. Aquel suceso conmocionó a todo Ademre. El Lethani, su código de vida, enseñaba el autocontrol, el equilibrio, el camino… Ningún adem hacía algo como aquello. Ella era muy pequeña, y ni siquiera recordaba sus rostros. Se crió en la escuela como otros niños huérfanos. La vida del camisa roja solía ser dura y corta. Fue una buena alumna, meticulosa, sistemática, aplicada… y sin embargo los maestros se burlaban de ella con aquella broma macabra.

No. No caería en aquella trampa. No era del Lethani desconfiar del propósito de los sabios. Se ciñó a Caelean a la espalda y se decidió a salir. Si debía recitar a diario la letanía de su espada, lo haría, aunque no pudiera obviar la parte : “ y por último pertenecí a Lanvir que me deshonró para matar a Shae y después quitarse la vida” . Comenzó a avanzar entre las hojas que giraban. Esta vez a pesar de su buena técnica de Ketan, algunas de ellas rozaron su carne, desgarrando con cortes limpios y profundos su pálida piel. Era consciente de que aquello la había perturbado más de lo que querría admitir. Pero allí estaba, y tendría su camisa roja, al precio que fuera.



Cuando salió de la prueba de la hoja que gira, su camisa marrón estaba empapada de sangre a rodales, donde las cuchillas habían cortado piel y músculo. Pero su rostro no mostraba la más mínima expresión. Se situó en el centro del círculo de mercenarios y recitó la letanía de aquella espada. Magwin la miró haciendo un leve gesto con la mano “Aprobación. Pesar.” Era la encargada de enseñarles las historias de las espadas. Penthe se adelantó y le tendió una camisa roja.



- Ahora ya puedes ir a trabajar a tierras bárbaras.- En aquellas palabras estaba incluido “Esa espada es tu prueba, tu reto. Es del lethani superar los retos y no olvidar el pasado para no cometer los mismos errores.”



Shedain hizo un gesto con la mano “Gratitud. Permiso”, y se encaminó a la clínica a que le cosieran los cortes.



Un mundo de bárbaros.


Alguien llamó a la puerta. Shedain salió de sus recuerdos con un sobresalto. Nada. Un borracho que equivocó la habitación.  Ya habían pasado veinte años desde aquello, y sin embargo ese día le seguía asaltando de tanto en tanto. Hizo balance mental de todo lo ocurrido en aquel entonces, que no era poco. Trabajó de mercenaria durante muchos años, y ahora, cuando su pulso ya no era tan firme y sus ojos se cansaban con facilidad, añoraba el páramo ventoso de Haert. Nunca pensó que acabaría de aquel modo. Había decidido vivir en un mundo de bárbaros, y eso era cuanto tenía. Alejó de sus pensamientos los momentos dolorosos que la empujaron a renegar de Ademre, y se sumió en un sueño oscuro.



PD: esta historia la cuenta Shedain al rememorarla de mayor. En el rol, tiene la edad de la ficha.

Stan McQuinn. Personaje de rol.

Nombre: Stanley
Apellido:McQuinn
Origen: West Highlands, el apellido procede del gaélico MacQuien.
Nacionalidad: escocés.
Altura: 1,90
Apariencia: véase imagen.
Profesión: soldado
Historia:
Clan MacQueen es un clan escocés, conocido formalmente como MacSween, una de las antiguas tribus de West Highland . El clan no tiene un jefe reconocido por el rey Lord Lyon King of Arms. Debido a esto, el clan se considera un clan belicoso, y como tal no está amparado bajo la ley escocesa. El clan es originario de las Hébridas , y se asocia erróneamente con el MacDonalds, que colaboró con Robert de Bruce que ganó la tierra y el poder a costa de los MacSweens, que se mantuvieron firmes en su oposición a la Anglo-normandización de la Corte de los Reyes Canmore. En el siglo XV se establecieron varios MacQueens en  tierras controladas por el clan Chattan. Desde entonces, muchos MacQueen han vivido en el noreste de Escocia. Estos MacQueens eran seguidores de Chattan Clan, y eran conocidos como Clan Revan. La familia principal de estos MacQueens fueron los MacQueens de Corrybrough.
Vestimenta:
- el tartan: rojo a cuadros negros.

- El badge:


Armas y armadura: cota de malla, y cuero tachonado. Claymore y escudo con heráldica.

Escudo:

Personalidad: a pesar de ser soldado curtido y de estar acostumbrado a los rigores del clima escocés y las privaciones, es de carácter alegre, dicharachero y juerguista. El sueldo no le dura más de dos borracheras, y acostumbra a dilapidarlo en juego, mujeres y alcohol. De maneras broncas y socarronas, se mete en líos por pura diversión. Es pendenciero, y lleva la batalla en la sangre.



Imágenes:




Y entonces vio la luz

Y entonces vio la luz. La luz que entraba por todas las ventanas de su vida. Vio que el dolor precipitó la huida y entendió que la muerte ya no estaba.
Morir es solo morir. Morir se acaba. Morir es una hoguera fugitiva. Es cruzar una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se buscaba.
Acabar de llorar sin hacer preguntas; ver al amor sin enigmas ni espejos. Tener la luz, la paz y la casa y hallar, dejando los dolores lejos, la noche luminosa tras tanta noche oscura.

escrito en el diario de Grace O'Malley tras rozar la muerte en alta mar,presa de las fiebres, recordando a su padre